No soporto no entender las cosas. Ni la sensación esa de esforzarse al máximo para luego no servirme de nada, o que todo lo conseguido se esfume, directamente, en un momento.
Y cuando eso me pasa me entra impotencia y ganas de llorar pero sé que yendo por ahí no me hace ser más lista ni me da mejor resultado. Así que me arremango y empiezo otra vez. Y al final acabo entendiendo y teniendo recompensa. Aunque me tenga que arremangar cinco veces, o seis, o siete, mil si hace falta.