Empecé con una bronquitis.
Pero después de un pinchazo, un poco de oxígeno y un inhalador cada ocho horas ya me encuentro mucho mejor. La verdad es que M tiene razón. Ella dice que como no nos podemos poner malas allí, cada una en su lugar, pues nos ponemos aquí donde tenemos gente que nos pueda cuidar. La pobre también está enferma.
Estos días a parte de estar en la cama (hasta que me entró el sentido común y mi hermano me llevo a urgencias), he estado con mi gato, mi enorme y precioso gato, y con mi familia, disfrutando y comiendo típica comida española. Qué rico. También me lo he pasado bien viéndome inmersa en planes que no esperaba. Esos suelen ser los más divertidos.
Ya he recibido un par de regalos por Navidad. El primero me acuerdo que fue una caja de bombones estando allí. Detalle de mi flatmate. El último fue un travel journal donde la wanderlust por excelencia me escribió entre otras muchas cosas, lo siguiente:
“Está de vacaciones en su casa, y quizás se quedaría. Pero vuelve a irse”.
Y sí, quizás me quedaría, pero me volveré a ir porque no hay nada mejor que volver por vacaciones.