Que el dinero no da la felicidad es relativo. Obviamente no es algo que se compre, pero las cosas que pagamos a veces nos ponen de mejor humor, y eso, al fin y al cabo, también se considera felicidad.
Para mí hay varios tipos de felicidad. Hoy escribiré sobre la estúpida.
Por ejemplo, para mi tener que pagar dos libras con sesenta por una bandejita de fruta me parece un robo a mano armada, pero el hecho de pensar que estoy comiendo sano me hace sentirme bien. Y me puedo llegar a sentir feliz.
Luego también está lo de poder ir a un restaurante relativamente caro. Pero no voy porque sea caro, sino porque la comida me gusta. Y pensar que me lo podría permitir al menos una vez al mes pues me hace sentir bien, aunque luego vaya una vez al cuatrimestre. El simple hecho de pensar que tienes y que puedes, es reconfortante. Porque no es lo mismo no ir porque no quieres que no ir porque no puedes.
Ser autosuficiente, sin tener el agua al cuello. Fantástico.
¿Y qué me dices de eso de salir del trabajo hechando humo por las orejas y poder ir a cualquier sitio y relajarte con el dinero? Te compras algo que simplemente no te hace falta pero te gusta, o te tomas un café en tu sitio preferido, entras a una exposición previo pago, vas a un concierto. Puede ser algo barato, claro que sí. Pero volvemos a lo mismo, el poder tener cierta libertad para gastar sin tener que estar ocho semanas ahorrando… es liberador.
Y eso mismo, ahorrar. Qué grande es ahorrar. Me encanta ahorrar. Sobretodo me encanta ahorrar sin demasiado esfuerzo. Vivir bien, sin racanear, incluso siendo un poco caprichosa y ahorrar… es la repera.
Es cierto que todo eso no nos hace tan feliz como las cosas realmente importantes pero sinceramente, ¿acaso nuestra vida no es también un largo periodo de tiempo lleno de momentos estúpidos? Repito, a parte de las cosas importantes.
Y la verdad más aplastante es que eso no te lo dan los estudios, ni los titulicos, ni exámenes aprobados, te lo da el trabajo. Pero eso sí, si quieres pasta, ten titulicos y sé alguien de bien o mátate a trabajar como un currela de lunes a lunes sin descanso (pero ahí ya no te quedaría tiempo ni para gastar tiempo en respirar). Ah, y ten suerte. Porque eso sí, el amor, la amistad y todas esas cosas maravillosas no se compran con dinero. Pero la suerte tampoco y vaya que si es importante.
Lo peor de todo es que estoy muy cansada para redactar mejor pero os prometo que cuando venía en el metro pensando en ello sonaba mucho mejor en mi cabeza. (Eso me pasa por dormir poco, trabajar bastante en algo que no es lo mío por no tener una carrera en condiciones, pero mira, yo tuve suerte y a día de hoy no necesito más).