Érase una vez que se era, apareció un calcetín especial en un cuarto cualquiera.
El pequeño calcetín no era como los demás, como aquellos inmersos en la rutina de… pies, lavadora, cajón, pies, lavadora, cajón.
Aunque una vez sí fue como ellos pero afortunadamente logró escapar.
Un día, cuando las miradas andaban puestas en otro lugar y los despistes hicieron que el cajón quedara abierto, el pequeño calcetín pegó un salto y aterrizó contra el suelo. Como pudo se levantó y echó a correr para esconderse debajo de la cama.
Había ido ya muy lejos pero aunque la aventura era excitante y su adrenalina bullía por los hilos que le formaban, aún así, a pesar de todo, se sentía triste y solo. Perdido, debajo de una cama rodeado de motas de polvo.
Aunque muchos no lo sepan, los calcetines también comen, se alimentan de los pasos que andan. Cuanto más anda un calcetín más crece aunque nunca engorda. Y por supuesto muere, al final de una vida larga se rompe pero contento de haber caminado y haber ido lejos y haber sido capaz de volver.
Pues volviendo a nuestro pequeño, él la verdad que no tenía mucha hambre. Quizás por la depresión de haber dejado a su pareja atrás, quizás por la incertidumbre de saber si había hecho lo correcto. ¿Pero qué otra cosa iba a hacer si no? ¿Quedarse con su amada pareja en un mundo aburrido, rutinario e impasible hasta que muriera, o sentirse solo pero vivo lejos de cualquiera?
Y mientras su pequeño corazoncito latía con fuerza y su mente divagaba, se tumbó en el suelo, mirando los hierros de la cama perdiéndose entre los sueños que una vez quiso alcanzar. Puede que fuera ahora el momento de cumplirlos al fin.
Y yo sabía, que algún día ese calcetín, volvería a comer y volvería a levantarse para irse lejos y lejos y lejos. Quién sabe si más lejos aún. Hasta que se convirtiera en el calcetín más viejo de toda la ciudad.
Hoy, he oído un ruido en el jardín y me he asomado por la ventana y he visto a un pequeño calcetín que saludaba, cansado y hambriento pero contento después de un largo viaje. Y he pensado, “ay va, pero si ese es mi calcetín perdido. ¿Dónde habrá estado?”
Quién sabe…
MEM: su pareja… se sintió triste y furiosa, enfadada y depresiva, pero en el fondo siempre supo que hay calcetines que no están hechos para estar en pareja, que hay calcetines de mundo… Y este lo era.
ZIMEKI: – porque todo el mundo siempre debe tener un lugar al que pueda volver.
- claro, no podía ser de otro modo.
- no, al final se jubila. Ya sólo se le puede ver en actos oficiales como el 25 de Diciembre esperando a que Papá Noel le llene de caramelos.
¿Volver en qué sentido? ¿Para cuánto tiempo? No sé contestarte si no me das más pistas. Hoy he estado viendo fotos de Granada. I miss you.