11 June, 2009

Una manera genial de celebrarlo

Si bien mi día ya había empezado como una puta mierda no sé porqué me sorprende como ha acabado.

Me levanto a las 5.30 am. Salgo de casa con mi flatmate. 5.50: ya vemos el primer autobús pasar de largo. No podemos cogerlo porque va tan lleno que ni cabría un alfiler. Entramos en el segundo que pasa minutos más tarde. Llegamos a la estación uno. A las 6.29 cogemos el tren. Llegamos a la estación dos a las 6.45. Nos separamos.

Busco la parada de mi próximo autobús. Y sí, las calles no sólo están puestas a esas horas sino que además hay colas y colas de personas que se arremolinan esperando llegar a tiempo a su trabajo. Me olvido del primer bus. La misma historia. Entro de casualidad en el segundo que llega quince minutos más tarde. Dios mío, son y 10 ya. Ni de coña llego a tiempo. Apretada y estrujada en esa maldita caja roja me propongo relajarme. ¿Acaso lo consigo? Obviamente mirar el reloj cada tres minutos no ayuda y el tráfico tampoco. Al cabo de veinte minutos consigo sentarme en la parte de arriba pero no pasarán otros cuarenta y cinco minutos hasta que llegue a mi puesto de trabajo con un dolor de estómago por culpa de los nervios, no por represalias (mi jefa estaba en sobre-aviso), simplemente por vivir esa situación tan absurda. Total: 2h 30min de un trayecto que normalmente son 40min.

Trabajo. El día fue otra puta mierda.

Salgo de trabajar por patas, no quiero quedarme ni un sólo segundo más ahí para escuchar estupideces y ver malas caras de gente que no sé si en el fondo sabe lo que es trabajar.

Se supone que todo ha terminado. Me voy al súper, yo y mi súper bolso enorme que hoy, precisamente, pesaba un quintal. Ah, también se vienen mi amiga mala ostia que trae consigo a la amiga ansiedad. (Estoy siendo sarcástica). Me compro la cena. Cruzo y entro en la estación. Funcionan algunas líneas pero vamos… Tramos muy cortos que ni siquiera están conectados y con esperas interminables. Me zampo el sandwich horroroso y justo cuando empiezo a abrir la bolsa de napolitanas llega el metro. Me subo. Encima llevaba hoy el jodido y enorme paraguas. Un coñazo. Me miro por el cristal como me embuto la napolitana de chocolate. Ni siquiera tengo hambre pero la necesito. Y llego al final del trayecto. Todo el mundo se baja y yo echo a andar farfullando y maldiciendo en voz alta como los viejos amargados y arrugados.

Salgo a la calle, y no camino mucho, con mapa en mano, hasta que llego de nuevo a la estación dos. A partir de ahí la línea hasta mi casa funciona, puedo coger de nuevo el metro. Felicidades, este trayecto sólo ha durado 1h y 15min (cuando en el fondo tenía que seguir siendo 40min).

¿Y todo por qué? Principalmente por el dinero. Money. Billetes, monedas, coins, notes. Pasta gansa. Unos quieren cobrar más en este tiempo de crisis así que para conseguirlo se ponen en huelga y nos ponen en sobre-crisis a los demás (metro). Otros, tienen tanta pasta que sus preocupaciones se limitan a… tener hijos para que otra gente se los cuide (jefes).

Y fíjate que te digo, ojalá me hubiera quedado en casa porque cuando mañana me paguen mi taco de billetes me reconfortará bastante pero no me quitará la mala uva.

He dormido cinco horas, he trabajado doce, he gastado casi cuatro de ir de un sitio a otro y estoy demasiado enfadada como para que me guste esta ciudad… HOY, que hago un año aquí.

Y lo siento pero…

PUTO DÍA DE MIEEEEEEERRRRRRRDA COÑO.


tags: London life, personal

2 comentarios




2 comentarios

el 17 June,

mem, escribió:

Londres. No permitas que te robe vida. Es lo que hace, robar vida.


el 20 June,

Nao, escribió:

Ya la he perdonado. Si es que soy una blandengue y en el fondo la sigo amando…



Comentar

 

 

«
»