Contestar siempre con lo mismo es la mejor manera de ahorrar el hecho de explicarme. Ni quiero ni pretendo que se den cuenta.
Nadie lo entiende, seguro, porque ni yo lo comprendía en el autobús mientras intentaba descifrar la posición de las partículas que formaban la sólida ventana. Quizás mañana, cuando todavía vaya a trabajar.
Las incertidumbres son como las personas que mueren pero continúan naciendo y conforme los años van pasando, la población va creciendo obligando a construir edificios altos que rozan el cielo. Y al final todos acabamos siendo Manhattan.
He decidido parar las obras hasta después de Navidad. Les voy a dar vacaciones a todos mis trabajadores y yo, mientras tanto, voy a dejarme llevar… pero por el río Támesis desde una ciudad llena de palmeras.