10 March, 2010

La ciudad de noche

Gabriela estaba empezando a cansarse y algo parecido al odio iba naciendo en su interior, poco a poco.

Todo empezó hará dos años cuando acababa de llegar a la gran ciudad. Estaba dispuesta a centrarse en sus estudios universitarios imaginándose al mismo tiempo una vida bonita en la que incluía momentos sociales divertidos, lujos mínimos pero significativos y un apartamento caprichoso.

Pero como era de esperar, nada sucedió así. Su supuesto apartamento se convirtió en una minúscula habitación en una residencia de estudiantes y sí, pudo comprarse algunos pequeños lujos con el dinero que conseguía gracias a su trabajo de media jornada que junto a las horas que malgastaba en la universidad le dejaban apenas tiempo para socializarse.

Poco se quejaba estando en aquella situación y sin darse cuenta, empezó una rutina asfixiante y agotadora que mantendría durante un año y medio más.

Eso sí, Gabriela no estaba sola. En la habitación de enfrente vivía una chica que llevaba ya mucho tiempo en la ciudad. Curiosamente las dos eran muy distintas pero por alguna extraña razón empezaron a congeniar convirtiéndose en amigas. Con ella Gabriela descubrió calles que valían la pena pasear, sitios donde comer, tiendas en las que comprar y todo parecía ir tan bien que no había nada por lo que preocuparse. Se habían convertido mutuamente en una válvula de escape.

Fue hace seis meses cuando decidieron mudarse juntas. Lo cierto es que fríamente tampoco habían muchas más opciones. Ambas estaban hartas de la residencia pero la ciudad era tan cara que el simple hecho de pensar irse a vivir sola era en sí un lujo. Gabriela, por su aire, se buscó un sinfín de habitaciones en casas para compartir pero sorprendentemente su compañera se animó, se deshizo de la pereza culpable de que se quedara tantos años en aquel cuarto oscuro y penoso y surgió la idea de irse juntas.

Aún así les costó enormemente dar con algo para las dos lo suficientemente bueno y lo medianamente barato. Tras una precipitada búsqueda lo encontraron y se fueron a vivir allí. Era un piso estupendo, con grandes vistas, luminoso y grande. Es ahí donde empezó todo.

Gabriela siguió como siempre, aunque pronto empezaron los exámenes en la universidad y el estrés se hizo presente. Dejó de respirar para convertirse en un muerto viviente durante semanas. Cuando terminaron todas las pruebas y volvió al mundo que le rodeaba, se encontró con varios kilos menos y una supuesta amiga que había dejado de hablarle. Cinco días después se fue de vacaciones.

A su regreso, parecía haber vuelto la normalidad pero lo cierto es que no, y a partir de entonces todo fue a peor. Al cabo de ocho meses malviviendo Gabriela encontró una habitación libre en el apartamento de Sophie y se fue de ese piso pensando que nunca se desconfía en alguien lo suficiente.


tags: cuentos, personal

2 comentarios




2 comentarios

el 12 March,

memole, escribió:

mmmm…esa historia me suena…jejej


el 14 March,

Nao, escribió:

Pufff, si yo te contara nena… ¡cosas peores se han visto y no se han dicho!



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