28 March, 2010

Hablemos de regresos

Y empiezo por ayer. Concretamente anoche cuando estaba hablando con R, de repente se me abrió una ventanita de chat y me entró una llamada de teléfono. Para mi sorpresa eran mis american kids que estaban guapísimos y muy grandes. Me puse muy contenta de verles y aunque en varios meses parecían haber olvidado todo el español que les enseñé, parecían entenderme perfectamente. Cuando nos despedimos, me puse a ver las fotos de Roma que me habían enviado ese mismo día y no pude evitar sentir nostalgia.

Antes de irme a dormir pensaba en el coñazo de madrugar para la clase de coreano. Sí, ese idioma que sólo sirve en un país al que puede que no vaya nunca. Pues bien, como aprender inglés es práctico y funcional y esos dos cualidades tampoco es que abunden en mí (aunque a veces aparezcan), he decidido zambullirme en otra lengua. Aunque para no sentirme muy culpable me refugio en el pensamiento de que, de paso, también me suelto con el inglés. Se trata de un intercambio de conocimientos, en el que alguien te enseña una cosa que sabe (en este caso coreano) a cambio de que le enseñes algo que sabes tú (español). Total, que la clase ha ido muy bien. A pesar de que me dé pereza madrugar en mi día libre para quedar, es refrescante y divertido.

Hablando en general, me comentó que se había cortado el pelo y me dije, nooooooo, yo quiero cortármelo desde hace meses, no me lo recuerdessss, pero ya me despisté haciendo un poco de shopping. Terminé de comer y de hacer mis compras, el reloj marcaba las (nuevas) cuatro de la tarde y estaba cansadísima apunto de irme a casa cuando cambié de idea.

Llegué a la peluquería para ver si me podían coger esa misma tarde o ya pedir cita para la semana que viene. Mi súper trendy Soichi estaba ocupado así que me dijeron que si no me importaba esperar un rato y me preguntaron si me daba igual quien me cogiera. Acepté y de pronto subió por la escalera. Llegó un tipo que me miraba con cara rara y cuando se acercó y me preguntó si me acordaba de él, entonces supe quién era y que había vuelto. Me puse súper contenta diciendo ¿¡¿¡Naoki!?!?. Hablamos un rato, me cortó el pelo monísimo y nos despedimos sabiendo que nos volveríamos a encontrar. Ha vuelto de Japón y por lo visto para quedarse algún tiempo así que… me alegro aunque ahora tenga mi corazón dividido entre el trendy desaliñado y el meticuloso George.

De refilón pude ver el lugar dónde los peques impartían las clases de karate, el gimnasio para swimming y el restaurante bautizado como You Me Suelo mientras cogía el mismísimo autobús de la mismísima parada hacia mi casa por la mismísima ruta que estuve cogiendo no hace tanto.

Y todo eso en un día especial en el que me hubiera gustado estar en casa pero que en el que no me arrepiento de estar aquí.


tags: London life, personal

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el 17 April,

mem, escribió:

Trabajas, cumples con tu función social. Y el resto del tiempo es de tu exclusiva propiedad para vivir como te de la gana.



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