28 August, 2010
La voz alta
Cuando doblé la esquina volví a verlo. Ahí se alzaba impasible aquel enorme y viejo edificio de, al parecer, infinitas plantas. Me encontraba en el ascensor de los números pares cuando me di cuenta que el corazón me latía más deprisa de lo normal. No sé si era culpa de los nervios o es que había caminado muy deprisa hasta allí esperando que así todo acabara antes. Poco tardé en llegar al piso en cuestión y ver luz a través de la puerta. Metí la llave y entré.
Sentí los cambios, el calor de ese lugar ya no era cálido sino asfixiante, el olor tan peculiar de Octubre y Febrero había desaparecido y la luz era triste y gris. Di una vuelta, miré en los armarios, me asomé por la ventana, encendí y apagué luces mientras pensaba en salir de allí. Me sorprendió ver tanta cantidad de bichos y no tuve más remedio que aspirar. Luego cogí mi correo y me fui.
[...]
De vuelta en casa, me puse cómoda, guardé la fruta y empecé a cocinar una rica lasaña casera. Para cuando quise darme cuenta el tiempo había volado y el día no había resultado tan productivo como yo esperaba. Después de lograr que todo volviera a estar en orden, me senté en mi lugar preferido de la mesa dando la espalda al balcón mirando a la cocina ordenada y nueva. Malgasté las últimas horas de la tarde frente al ordenador haciendo cosas no importantes y mirando el reloj. A veces me dejaba absorber por las fotos de Tokyo del mes de Enero que yo había transformado en Agosto para sentirme tranquila. Y así, sin más, de repente todo se volvió naranja y al girar la vista pude ver a lo lejos un perfecto círculo amarillo que se había asomado por detrás de las nubes para no tardar en esconderse otra vez. Apenas duró un minuto pero fue lo suficientemente largo para que aquella calidez llegara hasta a mí.
[...]
Y de estos útlimos meses sólo me acordaré de M y sus maletas, de la tarde de la peluquería, del intercambio de ropa, de los abrazos, de la cama de aire para las dos, de llorar en silencio mirando su espalda, de mami en la estación, de las cenas con ella, de los paseos, del colchón para las dos, del no te vayas, del T y A, de las cartas, de las risas mudas, de los grandes desayunos, de Berlín, de las bolas amarillas fluorescentes por el suelo, del picnic mojado de Kenwood, de las películas malas de antes de dormir, de Jamie, de la mudanza, de las gominolas y coca-colas…
(Paso tanto tiempo sin escribir por aquí que luego tengo que juntar tantos días en un pequeño párrafo y se me queda corto…)
11 June, 2010
A por el nivel 99
El concierto de Michael Bublé fue genial. Luego holgazaneé durante toda una semana y a la siguiente ya me fui. Me tocaban las vacaciones.
Redescubrí el autobús, jugué a los bolos, cené y comí con mi familia, comí y cené con mi familia, toqué la batería, toqué la guitarra, canté, disfruté de mis amigas, zampé helado, me fui de tiendas, me senté sobre el verde césped del parque, bebí limonada, me bañé en la piscina, encontré a un viejo amigo y jugué con Neko. Pero para cuando quise darme cuenta de lo bien que me lo estaba pasando, me tocaba volverme.
Y eso fue lo que hice.
En el aeropuerto me entró un bajón después de toda la efervescencia de esa semana. Me sorprendió que me costara tanto calmarme, aún así cambié el chip y monté en el avión.
Después de un viaje algo largo para mí, llegué a casa y sentí lo mucho que me gustaba. Entonces fue cuando me asaltó un sentimiento agridulce. Esto se acaba. Qué lástima me da el dejarlo atrás pero estoy bastante ilusionada con mi futuro próximo. La incógnita me hace que piense bastante en ello y la curiosidad me convierte en una impaciente. Siempre se puede ir a peor aunque algo me dice que no será así, probablemente el optimismo, que de forma extraña ha decidido acampar en mí.
Y en el resto de mi cuerpo, donde éste no alcanza, mi realismo sigue diciéndome qué bien que estás.
Mi trabajo. Algún día escribiré porqué me gusta tanto.
Otras cosas buenas que están por venir: el sol, M, un mes en el que no estaré sola, y… una mudanza.
Ya no me resulta algo malo, sólo quiero mirar hacia delante, necesito seguir avanzando.
He subido de nivel y ahora voy a toda leche arriba de mi chocobo.
Noto como se me ha ido la pinza. Por cierto, feliz aniversario.
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