Y en aquella tarde de verano, el sabio, sentado a la sombra de la higuera, dijo a sus discípulos:
“No os preguntéis si la teoría del Big Bang es cierta. Claro que es cierta. Claro que no había nada y, de repente, todo estalló. Lo que debéis preguntaros son dos cosas: Una, si quien encendió la cerilla había dejado el gas abierto a propósito o por descuido. Y la otra, si sobrevivió a la explosión”
lo dejo a proposito y sobrevivió.