
Soy culpable de no llevar los zapatos adecuados. De no haber tomado suficientes fotos. De enfadarme porque se me mojan las gafas. De caminar deprisa. De no pararme cinco segundos a mirar la lluvia caer. De no salir a bailar cuando para de llover. Soy culpable de no quererte lo suficiente, de saber que me voy y no lamentarlo, de saber que quiero abandonarte por dinero, siempre por dinero (pero no sólo eso, pero tampoco importa). De saber que no volveré a olerte, que no volveré a tropezar en tus caminos, de saber que nunca más me darán una lección sobre hojas de arces, de saber que nunca volveré a invitar a una perra en esta casa donde no se permiten animales, de saber que nunca volveré a escribir mi nombre en la misma duna, de saber que me van a felicitar, aunque sienten que me vaya, y de darles las gracias, de haber aprendido a dar abrazos.
Soy culpable, igual que siempre, de quererte poquito, para que cuando te deje no me duela demasiado.