El Pacífico, ese amante esquivo.

Esta fue mi primera vista del océano Pacífico en la costa de Oregon. Me hizo recordar aquella visita a Ise, que no a San Francisco, seguramente porque prefiero no recordar San Francisco.
El Pacífico no me quiere, o a lo mejor sabe que siempre voy a acabar abandonándolo. Mis visitas son cortas y jamás me da [...]



pág. siguiente