Estancias cortas y extrañas

Estaba casi dormida en el futón que iba a dejar. Había hecho cuatro viajes del piso del que me habían desahuciado al nuevo. Ya no me quedaba casi nada que llevarme. Las botellas de champú, las muestras de cremas que dejó Marie, incluso sus geta con tiras rosa de usagi. Todo estaba ya en el piso de Namba, que era muy oscuro y más sucio que el de Imazato, pero estaba en el centro. En aquella época, estar en el centro significaba no tener que esperar a que el metro comenzase o coger taxis a 5.000 yenes.

No pude llegar a dormir porque tocaron a la puerta. No debí abrir. Debí seguir durmiendo. Pero en aquella época no se sabía lo que iba a suceder. Igual la hubieran tirado abajo y entrado, y haberme puesto en la calle.

Era un tipo con una carta en inglés y en japonés diciendo lo que ya sabía (y ya había hecho). Que el piso iba a ser desalojado por falta de pago. Me entregó el aviso fríamente y fríamente lo recogí. Eché un último vistazo al cuarto de Marie. Había conseguido cubrir el suelo de las dos habitaciones de tantas cosas que ya sólo eran porquería. La mesita plegable y la silla sin patas seguían allí, pero yo no iba a esperar a que Amanda llegase. Las cogí las dos y las dejé fuera del piso, al final del pasillo, protegidas de la lluvia.

Amanda, I have left both the chair and the table outside. I am not going a spend a single second more in this damned house, le escribí por email.

Lo que me queda a mí es una impresión de haber pasado unas horas en un piso fantasma, o quizás de haberme convertido en fantasma en un piso real.  La luz de Osaka, esa luz blanca de sol pálido, llena de agua, me hacía pensar una y otra vez que o el lugar o yo o ambos estábamos equivocados.

Será lo mismo que sienta cuando se vaya Florentino y yo me quede un día o dos, o menos, espero, en el apartamento de un estudiante de Harvard que posiblemente no conoceré nunca.



2 comentarios

Nao, el 22 August, dijo:

Un texto que perfectamente podría haber sido extraído de una obra (triste) de Banana Yoshimoto.


admin, el 23 August, dijo:

Banana Yoshimoto no escribe triste.




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