Zarzamoras y magnolias.

La culpa no es de las zarzamoras. No se les puede culpar. Si acaso, su única complicidad en la maraña es que se enredan con facilidad, tienen espinas, y cuando llegas ya están ahí. Todas ricas, gordas, rojas y negras, jugosas como ellas solas, por todas partes, al borde de los caminos, y dulces, muy dulces [...]



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